Vacaciones en Roma III: Iglesia de Il Gesú, Luperca, Campo dei Fiori

El día 12 de septiembre comenzó muy temprano: quería aprovechar al máximo mis vacaciones romanas. Con este post continúo la serie dedicada a Roma que inicié aquí. En este enlace puedes ver todas las publicaciones que he dedicado a las vacaciones en Roma. A continuación, copio los textos que escribí en mi diario de viaje.

Chiesa de Il Gesù

Qué magnífico lugar. Pese a haberlo estudiado en Historia del Arte, esta iglesia sobrepasa todas las ideas previas. Un barroco tan exuberante que no me extraña que haya sido modelo para todas las iglesias posteriores durante la Contrarreforma. He dejado de hacer fotos porque no sé dónde posar la mirada: cada ángulo esconde una sorpresa.

Hoy comencé la mañana en la Domus Áurea, pero sólo había un turno de visita a las 12 menos cuarto, así que reestructuré el día sobre la marcha. Callejeando llegué, por casualidad, a San Pietro in Vincoli (más sobre esta iglesia en este enlace). Pensaba ir mañana o pasado, pero entré. Es una iglesia bastante sencilla para lo que es Roma, con el magnífico sepulcro del papa Julio II. El Moisés de Miguel Ángel es una obra espectacular situado en la nave derecha. Me recordó a todos los libros de Religión del colegio.

A través de una serie de coquetas calles, llegué hasta el Quirinal. Por casualidad también entré en la iglesia de Santa Catalina di Siena, otra maravilla en cuyas bóvedas se fusionan pintura y escultura. Tas el altar mayor, la representación de la santa es sobrecogedora. Así imagino la sensación de estar ante la Santa Teresa de Bernini, otro de los objetivos de este viaje. Después de estar rezando cerca de una monja, fui bajando de nuevo hasta el foro, para ver la iglesia del Dulce Nombre de María, un bonito relicario-bombonera.

Así transcurrió la mañana hasta llegar a Il Gesú, donde estoy ahora. Antes de llegar, un vendedor ambulante me dijo en italiano “Eh, turco, yo te recuerdo”. Al negarle con la cabeza, insistió “sí, sí” y se rió. A saber con quién me ha confundido. Aquí no ven Águila Roja, con el que me confunden en España… bueno, cuando entré en Il Gesú, me conseguí colar en la sacristía, donde un grupo e españoles rezaba en voz alta. Los techos y la decoración me recodaron mucho a Salamanca, a la Universidad Pontificia, a la antigua biblioteca, al Aula Magna y, especialmente, al Aula Minor B, donde pasé tantos buenos ratos ensayando con el coro. No en vano, la Clerecía y la Pontificia siguen el modelo de esta iglesia. Al salir de la iglesia pasé por la plaza Torre Argentina, donde se ven restos de varios templos de la república romana.

Campo dei Fiori

Ya he perdido la cuenta de cuántas iglesias he visitado. He de decir que estuve en el Panteón de Agripa (info aquí) y la sensación fue un poco extraña. Tenía muchas ganas de conocerlo, pero una vez allí, el ruido y el exceso de gente hizo que la experiencia no fuese todo lo bonita que me hubiera gustado, algo similar a lo que me pasó en Notre-Dame de París.

La grandiosidad de la cúpula hace que se pierda la perspectiva y la medida. El óculo descomunal no da la impresión de medir 9 metros de diámetro. Esta sensación de falta de escala también se da, por ejemplo, en la basílica de San Pedro. Me han recomendado visitar esta iglesia por la tarde, a última hora, que hay menos gente. La próxima vez así lo haré.

Después, he visitado la Piazza Navona, que está bien y es bonita. La excusa para visitarla ha de ser, sin duda, el diálogo (o discusión) entre Bernini y Borromini, entre la fuente y la iglesia (aquí puedes leer a qué me refiero). Eso sí que merece la pena. Ahora estoy comiendo en el Campo dei FIori, viendo el mercado y su animación. También veo a uno de los camareros encargados de captar clientes, y es u cansino. Mirarle es un espectáculo: se ata un mantel a la cintura, se pone dos vasos en las orejas… El “captador” del restaurante de al lado aprovecha y en un descuido le roba una familia. Indiosincrasias romanas.

Ciak Hostel

Después de comer, estuve pateando la ciudad dando bastantes vueltas con la idea de ver el Campidoglio y visitar los Museos Capitolinos. Comparado con otros museos es de tamaño mediano. A mí me pareció un poco más pequeño que el de Bellas Artes de Dijon (página oficial), quizá. Pero sólo por la Venus Capitolina ya adelanta a muchos museos más grandes.

Antes incluso de entrar, este museo ya me dio una sorpresa. Gracias a la tarjeta Roma Pass, la entrada fue gratuita. Yo creí que el Coliseo y los Foros contaban como dos visitas en la Roma Pass, pero parece ser que no. Aquí tienes toda la información sobre la tarjeta turística de Roma.

Además de la Venus, Luperca o la Loba Capitolina (análisis histórico-artístico) es la verdadera estrella del lugar. Me hice una foto como besándola. Me gustó mucho la decoración de esas salas históricas en el museo y las antiguas inscripciones incrustadas en la pared. También las salas de los filósofos y los emperadores, con todos esos bustos sobrios, me han hecho desear tener una cara seria. Pero la genética me ha dicho que no.

Tras el museo, volví a pasear por el Trastévere. La batería de la cámara se me agotaba, así que hice menos fotos. Visité un par de iglesias en el Trastévere y pude entrar brevemente en Santa María durante la misa: una iglesia muy bonita, con su columnata clásica y sus mosaicos. Volví al hostal en tranvía hasta los foros, que recorrí a pie para verlos de día. También visité la iglesia de San Cosme y San Damián.

Hoy parece que el día ha sido un poco menos estrafalario que otros días. En este enlace puedes ver todas las publicaciones que he dedicado a las vacaciones en Roma con las cosas que me pasaron o la gente que conocí.