Vacaciones en Roma II: Coliseo y Cementurismo

El día 11 de septiembre de 2015 fue una jornada muy intensa en mis vacaciones en Roma. Bien temprano visité el Coliseo, los Foros Imperiales, el Palatino… y por la tarde, el Cementerio Acatólico. Con este post continúo la serie dedicada a Roma que inicié aquí. En este enlace puedes ver todas las publicaciones que he dedicado a las vacaciones en Roma. A continuación, copio los textos que escribí en mi diario de viaje.

Coliseo

tengo tantos pensamientos ahora en la cabeza que no sé por dónde empezar a escribir. Estoy sentado en el segundo nivel del Coliseo, y en el momento de asomarme a la arena no pude evitar pensar, curiosamente, en la II Guerra mundial y en los avatares históricos que han sido vistos por esta estructura. Sí, ya sé que el Coliseo y el centro histórico de Roma no han sido objetivos militares en la guerra, pero me vino a la cabeza.

Volviendo al monumento, es verdad que lo que se conserva del graderío es bastante poco, pero sirve para hacerse una idea de lo que fue este monumento. También cabe un momento de reflexión acerca de su expolio y su posterior declaración como santuario de mártires.

Mirando la estructura del graderío, los vomitorios y las escaleras, no puedo dejar de pensar en las plazas de todos de Oviedo y Las Ventas. Está claro que no hay nada nuevo bajo el sol. Ah, por cierto, una vez entro, la gente se apelotona en los primeros miradores de este nivel. Si lo visitas, es mejor que sigas dando la vuelta y tendrás mejores vistas sin tanta gente.

Jardines Farnesio

¡Es genial estar en el Palatino cuando dan las doce! Un coro de campanas da la hora a través de toda Roma mientras me cobijo del sol gracias a la frondosidad de estos jardines.

He visitado los Foros Imperiales, y cada paso, cada bifurcación, es una tentación para la curiosidad. Olvidé la audioguía del foro que me había descargado y me dediqué a caminar libremente por los senderos. Lo que más me gustó fue el conjunto del Templo de Saturno, Vespasiano, el Arco del Triunfo y la iglesia barroca que está al fondo, junto a los Museos Capitolinos. Pese a la diferencia cronológica y a la mala conservación de algunos de ellos, todas las arquitecturas entablan una interesante conversación sobre la Historia del Arte.

Mientras escribo esto, una pareja joven está haciendo una foto a una pareja mayor que está comiendo manzanas. La señora les ofrece una manzana en agradecimiento por la foto. Estamos todos sentados en varios bancos y ahora pienso en e templo de las vestales y en su claustro, del que beben todos los conventos y claustros eclesiásticos, aunque lo que hoy se visita es una reconstrucción del siglo XIX. Tanbién pienso en que me olvidé el protector solar en el hostel. Ahora voy a disfrutar de los miradores sobre la ciudad que ofrece el Palatino. Desde aquí también se ve San Pedro.

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Sigo en el Palatino, junto al Estadio Flavio. El Museo Palatino no es una maravilla, pero es gratis y está incluido en el acceso al conjunto arqueológico. El piso de arriba del museo, con esculturas, es más interesante. He visto también el Circo Máximo desde el Palatino. Qué decepción, no se ven apenas restos, sólo un gran socavón.

Metro Circo Massimo

Me sorprende esta estación de Metro. Tiene dos entradas, una para cada dirección, ¿Habrá más estaciones así en Roma? He perdido un tren por entrar por la que no era, acostumbrado como estoy a que en Madrid todas las entradas estén conectadas antes de pasar los tornos. Por cierto, que todos los trenes que he visto hasta ahora están llenos de graffitis.

Interior de la Basílica de San Juan de Letrán

Hoy he hecho mi primer amigo romano. Se llama Stephan, y nos conocimos tomando un café junto al Cementerio Acatólico, cuando pregunté al camarero por dónde se entraba. Estuvimos hablando un buen rato porque Stephan había estudiado español y quería practicar.

En el cementerio no he podido encontrar la tumba de Mary Shelley, lo que me da cierta pena, pero así tengo una excusa para volver. Este cementerio me recuerda más al londinense de Highgate que al británico de Madrid, aunque quizá no tan salvaje y frondoso como el primero. Disfruté mucho del paseo y de la suave lluvia que caía sobre mí. Es un cementerio pequeño, se puede visitar bastante rápido y bien. Además, al tener un muro de época romana parece aún más exótico.

La pirámide de Cayo Cestio, pese a no respetar las proporciones egipcias, es un digno ejemplo de ingeniería. Stephan me contó que la visito por dentro cuando era pequeño con la escuela, y que para acceder al sarcófago había que atravesar un laberinto. Hoy está cerrada.

Ahora mismo estoy en la basílica de San Juan de Letrán. Conforme me acercaba a la fachada principal, tuve la sensación de que es más bonita que en las fotografías. Y el interior… ¡Qué belleza! No encuentro palabras para expresar la eclosión barroca de esta iglesia. Desde los suelos policromados al magnífico artesonado del techo pasando por las colosales esculturas de los Apóstoles… todo es digno de ser visto. Son cinco naves y acabo de empezar. Sthendal cógeme de la mano.

Antigua Trattoria La Viletta

Después de San Juan de Letrán (me faltó por ver el claustro y el Santasanctórum, porque cierran antes) visité la iglesia de la Santa Croce, también cercana al hostel.  Ahora, ya de noche, he caminado por Roma esquivando los restaurantes modernos a os que hubiera entrado si estuviera acompañado en este viaje. Mi objetivo era encontrar algún lugar vetusto, con el sabor de la tradición, y encontré esta antigua trattoria, con una curiosa pintura al fresco en una de sus paredes.

Por la tarde cogí un tranvía de nuevo al Coliseo, y allí me subí a un autobús hasta la Plaza Venecia para darle más usoa  la tarjeta Roma Pass. Allí pude hacer fotos al monumento a Vittorio Emmanuelle con calma.

Es verdad que es desproporcionado. Es hortera con todas las letras. Pero yo tampoco lo definiría como feo. Es hijo de su tiempo. Similar y tan exagerado como Nuestra Señora de las Telecomunicaciones y su Galería de Cristal. Callejeando a partir de ahí, se llega muy fácilmente a la Plaza del Campidoglio, diseñada por Miguel Ángel, hoy sede del Ayuntamiento y los Museos Capitolinos y que espero visitar mañana. Saliendo por la esquina izquierda, donde está la reproducción de la Loba Capitolina, hay un pequeño parque entre ruinas, con vistas al Foro. Cuando llegué, había una pareja: ella, vestido negro; él, traje y corbata. Estaban rodeados de muchas velas encendidas: él le estaba pidiendo matrimonio.

Volví a la plaza y bajé por la otra esquina, con la idea de disfrutar de más vistas sobre el Foro. Seguí la carretera serpenteante y, al final, en mitad de la acera, columnas y arcos. ¿Sabemos lo que es? Ni idea. ¿Nos importa? No. ¿Le hacemos fotos? ¡Por supuesto! Callejeando un poco más, me ha sorprendido el Teatro de Marcelo, más pequeño pero más asequible que elCocliseo. Al ser de noche no lo vi muy bien, pero parece ser que en su interior el devenir de los siglos ha construido viviendas.

En la fachada exterior se estaban proyectando imágenes, el proyecto artístico Migrations, con imágenes de pájaros y luces que dan un efecto muy teatral a la arquitectura. Muy cerca de allí, está el Guetto, la antigua judería de calles intrincadas que hoy es el barrio de moda con sus restaurantes y sus galerías de arte. Mi siguiente parada, ya noche cerrada, la Isola Tiberina, la pequeña isla en el Tíber. Me ha decepcionado un poco, me esperaba un barrio recoleto y popular, como el Castelo de Lisboa, o elitista como las islas del Sena, pero sólo hay una calle y una plaza con dos iglesisas, una de ellas con los restos de San Bartolomé.

Después, he estado callejeando por el Trastévere, el verdadero barrio popular de Roma. Y he de decir sin pudor que me he vuelto a perder, pero he sido capaz de encontrar esta trattoria donde tienen fiori de zucca. Aunque aún no he llegado a discernir si el señor que me saludó al entrar trabaja aquí o solo era un cliente. Es raro, porque vino varias veces a preguntarme qué tal todo.