Vacaciones en Roma I: llegar y besar el santo (Pedro)

Comienzo a relatar mis vacaciones en Roma en Septiembre de 2015 según lo recogido en mi diario de viaje desde que cojo el avión hasta la primera noche en la capital italiana. Al final de este post puedes encontrar todas las entradas relativas al viaje que he publicado hasta el día de hoy.

Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas (ASMB)

Acabo de pasar el control de seguridad y es la primera vez que han tomado muestras orgánicas de mi equipaje. Cuando el segurata las tomó (muy educadamente, he de decir), no pude evitar decirle que “a lo mejor encuentra hasta el virus de la triquinosis, porque la mochila ha venido en el suelo del metro”. Él se rió, pero yo fui al aeropuerto en Cercanías.

Mirador frente a San Pedro

He de reconocer que las prisas me pierden. Nada más llegar al alojamiento (el Ciak Hostel), salí a caminar con la cámara a cuestas. He salido a la calle como si el tiempo se agotara, si bien es el primer día de viaje.

Como consecuencia, no disfrutaré de la cena a la que nos invitan en el hostel, pero a cambio sí estoy disfrutando de un bonito anochecer frente a la cúpula de Miguel Ángel. En esta tranquila plaza (miro en Google Maps que se trata de la Piazza del Quirinale), el ruido del tráfico de Roma baja su volumen, y puedo poner en orden algunos pensamientos.

Uno de los temas más mundanos es que acabo de comprar la tarjeta turística de monumentos y transportes, la Roma Pass, por lo que mañana iré al Coliseo a primera hora y me montaré en metro todo el día.

Entre los asuntos más espirituales ya puedo señalar que estoy más cerca de ganar mi indulgencia: hoy he visitado la basílica de Santa María la Mayor. Unos mosaicos magníficos y un artesonado muy hermoso que temo que no luzca justamente en las fotos que he tomado.

El momento más esperado del día, mi encuentro con Bernini y Santa Teresa, tendrá que esperar, porque la Iglesia de Santa Maria della Vittoria estaba en plena Eucaristía. Después de eso, el plan del día se ha visto desafortunadamente alterado, porque el mapa que tenía configurado en Google Maps se me ha perdido, por lo que estoy improvisando, Y gracias a ello he encontrado este mirador sobre San Pedro.

Scalinata della Trinità del Monti

No volveré a Roma. Quería cumplir con la tradición y con la memoria de Anita Ekberg, pero la Fontana di Trevi está sin agua por una restauración. Es cierto que han dejado un pequeño pilón para tirar las monedas, pero con el monumento tapado por una mampara sucia no es lo mismo.

La campana de la iglesia de la Trinità está dando las 8, y yo estoy sentado en la escalinata (cosa que no quería hacerporque es muy de turistas y yo voy de viajero) viendo frente a mí el escaparate de Dior. Empieza a refrescar, la noche romana. ¿Y si hago el camino de Santiago este otoño?

Restaurante L’Arquetto

Cerca de la Fontana he encontrado este coqueto restaurante. No parece muy caro, y tiene una carta muy variada de espaguetis. Probaré la boloñesa y el tiramisú. Eso sí, el servicio no parece ninguna maravilla.

Cuando acabe de cenar, iré a la Piazza Venezia y a ver la tarta de boda y volveré atravesando los foros por la noche, hasta el Coliseo. Por cierto, en la mesa de detrás de mí, hay una pareja de italianos con tres españoles y ahora están hablando de la fabada. A los coreanos de la mesa de enfrente no les entiendo.

Mientras ceno, no puedo evitar una reflexión sobre lo que llevamos de año, y me entra cierto sentimiento de tristeza. Aún necesito tiempo para poner en orden ciertas ideas antes de poder pensar en el futuro. A veces pienso que pensar en el futuro y tener objetivos es lo que te da estabilidad en la vida, y cuando dejas de pensar en ello es cuando hace que las cosas se transformen en muy poco tiempo.

¿Pudiera ser que pensar en el futuro es lo que lo asegura? ¿Que vivir el día a día sólo sirve para ir quemando la vida poco a poco?

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