Perdonen las molestias, de Fernando Savater

Hace unos 10 años, Fernando Savater publicó el libro Perdonen las molestias, que en su día  me impactó bastante por cómo desde la dialéctica y la argumentación atacaba a ETA y a la violencia en el territorio vasco. Hoy, a menos de un mes de las elecciones generales, en el contexto de crisis mundial, y con el reciente anuncio de la banda terrorista de abandonar la lucha armada (que en mi opinión es un anuncio bastante escaso) el libro cobra nueva actualidad y merece ser repasado de nuevo. La democracia moderna, los derechos de la ciudadanía, la defensa del Estado del bienestar en Europa y la extralimitación de algunos guardianes demasiado celosos son algunos de los ángulos desde los que Savater contempla la violencia, especialmente al terrorismo vasco.

En Perdonen las molestias, Fernando Savater muestra su visión del País Vasco y defiende la postura de que no es posible confundir los problemas de esa región española con los objetivos políticos del nacionalismo, aunque este mismo nacionalismo se presente cono la solución. Esta solución, por otra parte, y siempre según Savater, tiene una solidez que guarda proporción directa con la intimidación de ETA, cuyas armas asesinas parecen manipular la opinión pública.

También hace una argumentación de filosofía política que insiste en que cuanto más trate de adaptarse el orden constitucional a patrones de identidad nacional, aunque sean de tipo étnico y cultural y no racista, menor será la libertad de todos. Eso siempre que esas identidades se entiendan desde un punto de vista excluyente, que es lo que suele suceder con los nacionalismos.

Pero el tono de Perdonen las molestias no es pesimista: el autor utiliza la ironía como instrumento pedagógico para sus análisis y, mediante ella, y con un elocuente estilo, es capaz de desencadenar la carcajada del lector, y también logra hacerle partícipe de la angustiosa convivencia en el País Vasco por culpa del fanatismo, la hipocresía y el miedo. Junto con ese sentido del humor, Savater demuestra gran facilidad para hacer filosofía a través de la literatura y para argumentar con claridad y finura, lo que ayuda a una mejor comprensión de sus pensamientos.

Savater encarna un modelo de activismo en el que la inteligencia se pone al servicio de los intereses general, y de un acercamiento a los principios y valores morales, que parecen actualmente en crisis. Podrá estarse más o menos de acuerdo con algunas de sus posturas u opiniones concretas, pero es difícil discrepar en lo esencial: Savater ha demostrado ser un intelectual necesario y siempre sugerente en sus planteamientos.