La Virgen con el Niño y ángeles, de Jean Fouquet

Todos los años intento ir, al menos una vez, al Museo del Prado a disfrutar de su magnífica colección permanente coincidiendo con alguna exposición temporal que me atraiga especialmente. No puedo negar que siempre me emociono ante cuadros como Doña Juan a la Loca de Pradilla o de los nuevos detalles que descubro ante El jardín de las delicias de El Bosco, que, junto a Las Hilanderas de Velázquez pudieran ser mis obras favoritas en el museo, donde también se puede ver uno de los retratos de Jovellanos que pintara Goya. Pero en esta ultima visita he disfrutado de un cuadro en el que no tenía grandes experiencias, pero que me sorprendió gratamente.

Doña Juana la oca, de Pradilla
Doña Juana la oca, de Pradilla

El Real Museo de Bellas Artes de Amberes ha cerrado sus instalaciones para afrontar unas obras de remodelación en su sede, y aprovechando la situación, la Fundación de Amigos del Museo del Prado ha negociado el préstamo de una de sus obras dentro del programa La Obra Invitada. Se trata de La Virgen con el Niño y ángeles, de Jean Fouquet, y es una de las obras cumbres del siglo XV francés. Estará expuesta en la sala 57A de la planta baja del edificio Villanueva del Museo del Prado hasta el 25 de mayo.

Cuando en febrero leí en la prensa que esta obra venia a Madrid y busqué fotografías e información en internet, tuve sentimientos encontrados. Todo el mundo decía que se trataba de una gran obra maestra, pero a mi me parecía un cuadro tirando a feo, he de decir con miedo a parecer un cateto. Ya veis que no tiene nada que ver con losa tres cuadros que cito como mis favoritos del museo. Pero aproveché mi visita anual para deshacerme de mis prejuicios estéticos y conocer esta obra de primera mano.

Virgen y niño con ángeles
Maravillosa.

La sorpresa fue mayúscula, puesto que nada mas verla me di cuenta que las fotografías no le hacen justicia a esta tabla gótica, puesto que en las imágenes no se aprecia, por ejemplo, que la Virgen esta rodeada por serafines rojos y querubines azules, que se mimetizan en el fondo, también azul. Emergen, por sorpresa, al estar frente a la tabla.

De igual manera, en las fotografías, la geometrización de lasa formas impide ver la riqueza del color marmóleo de la carne de la Virgen y el Niño. La Virgen, además, es el ideal de belleza de la época, casi sin cejas y con frente muy alta. Por cierto, se supone que sus rasgos son, en realidad, los de Agnès Sorel, amante del rey Carlos VII de Francia.

Esta tabla fue encargada por Étienne Chevalier, secretario del citado Carlos VII y de Luis XI, que fue además testamentario de la Sorel. la Virgen y el Niño díptico de Melun que Chevallier encargó para su capilla sepulcral en Norte-Damme de Melun, donde había nacido, y donde se conservó hasta 1775, aproximadamente.

Parte izquieda del díptico
Parte izquieda del díptico

Contrató a Fouquet porque era el miniaturista más importante en Francia en su época, y el caro tinte azul demuestra el poderío económico del donante. Por todo ello, y por la viveza que transmite al verme frente a frente a esta gran pintura, le dedico este post. Una sorpresa que no pensaba encontrar, y que me permite corregir una errónea apreciación de una obra que non os podéis perder mientras es este en Madrid. Por cierto, también me encanto la exposición temporal de las Furias, pero para no cambiar mucho de tema, os dejo con este vídeo de la Virgen y el Niño con ángeles.