El primer vuelo humano, en Córdoba

La historiografía occidental señala  a los hermanos Mongolfier como los primeros que intentaron volar por sus propios medios, y a Leonardo da Vinci como el precursor del paracaídas. Pero, ¿y si te decimos que un cordobés se adelantó a ellos varios siglos?

Así es, 900 años antes que los franceses, inventores del globo aerostático, un científico andalusí fue el primer precursor de la aeronáutica del que se tiene constancia. ¿De quién se trata? Su nombre es Abbás Ibn Firnás, o Armen Firman en su forma latinizada. Y también probó con éxito un paracaídas siglos antes de los diseños de Leonardo o incluso de la existencia de los aviones.

Ibn Firnás fue científico, inventor, naturalista, filósofo y llegó incluso a enseñar poesía en la corte de Abderramán II. Podemos ver que, en el siglo IX, encarnaba el ideal de hombre renacentista, con interés en múltiples ciencias, antes de que naciera este concepto en Italia.

En el año 852 confeccionó el primer paracaídas con una lona. Subió a una torre de Córdoba y saltó al vacío, sobreviviendo a la caída con heridas leves. Este éxito le animó a seguir investigando y desarrollando prototipos. De esta manera, en el año 875 y con 65 años, se decidió a volar de nuevo.

Mezquita de Córdoba
Mezquita de Córdoba. Foto: cosecha propia.

Invitó a muchos amigos y conocidos al que sería el primer vuelo humano del que se tenía constancia. El lugar elegido era una torre junto a un valle, y el éxito de la convocatoria fue abrumador: se habla de una gran multitud.

Ibn Firnás se presentó con unas alas de madera y tela de seda, que había adornado con plumas de aves. Y saltó al vacío. ¿Qué sucedió en ese momento? Que la multitud presenta contempló asombrada cómo planeaba en un vuelo que duró aproximadamente diez minutos. Aunque en el momento del aterrizaje todo se complicó, y la aparatosa maniobra se saldó con roturas en los huesos de las dos piernas del hombre volador.

Él mismo reconoció que había cometido un error de diseño que quizá hubiera evitado el accidente: no había añadido una cola a sus aparatos, algo que tenían todas las aves. Ibn Firnás se recuperó de sus heridas y finalmente falleció 12 años después, en 887. Hoy un puente en Córdoba lleva su nombre, y también existe un cráter en la cara oculta de la luna bautizado en su honor.