A Cisterna Basílica Vendrás #Estambul

Junto a Santa Sofía, muy cerca de la entrada de Topkapi, y casi debajo de una tienda de alfombras donde uno de los dependientes habla un perfecto español, se encuentra un antiguo “palacio subterráneo” de la época romana. Se trata de la Cisterna Basílica, construida para almacenar el agua de la corte del Imperio Romano de Oriente, y que hoy en día se puede visitar. un lugar donde destaca la oscuridad, la humedad, y una atmósfera extraña, de estar viajando a un lugar prohibido del pasado, concebido para guardar agua y no para ser visitado.

La cisterna fue construida durante el reinado de Justiniano I, quien también reconstruyera Santa Sofía, y es la más grande de un total de 60 cisternas o depósitos de agua que poseía Constantinopla. El objetivo de esta red de depósitos era militar: serían las encargadas de garantizar el acceso al agua del Palacio Imperial en caso de que durante un asedio se destruyeran los acueductos de la ciudad.

La Cisterna Basílica se llama en turco Yerebatan Sarayı o Yerebatan Sarnıcı, palacio sumergido o cisterna sumergida, respectivamente. Y son sus grandes dimensiones las que la convierten en una suerte de palacio: 143 metros por 65 metros. El techo está soportado por un 336 columnas de mármol 9 metros de alto, recicladas de antiguos templos paganos, dispuestas en cuadrícula y separadas entre sí por casi 5 metros. En total, podría recoger entre 80.000 y 100.000 litros de agua, según distintos autores.

La cisterna estuvo en uso hasta casi el siglo XV, una vez que Constantinopla fue conquistada por los otomanos, que preferían el agua corriente al almacenada, por lo que la cisterna cayó en el olvido hasta que un investigador holandés escuchó las historias de vecinos que afirmaban tener pozos de agua en sus casas de donde a veces salían peces. Con las pistas de esos vecinos, logró encontrar la escalera de acceso de la cisterna y documentarla de nuevo.

Medusa

Tras la descripción de la cisterna y algunos apuntes de su historia, he dejado lo mejor para el final, porque precisamente se encuentran en el extremo más alejado de la puerta. En una esquina, a ras de suelo (si no fuera por una especie de presa estarían ocultas por el agua ornamental de la cisterna) hay dos cabezas de Medusa, las cuales constituyen el misterio de la cisterna.

Nadie sabe de dónde proceden o por qué se ubicaron precisamente ahí, las dos juntas, habiendo tantas columnas para elegir dónde ponerlas. Todo parece indicar que provenían de un edificio tardorromano, de la última etapa del paganismo. Además, una de ellas está invertida y la otra de lado, y hay quien apunta que eso es para neutralizar los poderes de Medusa, quien según la tradición pagana protegía edificios y lugares de cierta importancia.

Como os dije al principio, con Medusa o sin ella, la Cisterna Basílica es una experiencia ucrónica en Estambul. Pese al bullicio de turistas que hay junto a la entrada y las columnas de Medusa, es posible sentir cómo el tiempo se ha detenido en el bosque de columnas. Como casi siempre en Estambul, para entrar hay que hacer cola, pero merece la pena: el ambiente es extraño, pero la belleza del lugar es sobrecogedor. Y tú, ¿la has visitado? ¿Sabes en qué películas aparece?